Ni el libro cerrado da sabiduría, ni el título, por sí sólo, da maestría

Todos somos presidentes. Todos somos directores. Curiosamente somos jefes de, CEOs de, CIOs, CFOs y otras muchas siglas que en inglés tienen mucho sentido. Es curioso, en una red tan grande como LinkedIn, no hay puestos que no sean fardones. Y no seré yo quien se meta con ello, no hay más que mirar mi perfil, pero es que eso es lo que vendemos, no somos trabajadores sin más, somos súper trabajadores, o quizás sea más acertado, súper titulados, porque lo del trabajo ya es harina de otro costal.

Puede ser que a alguno le motive el hecho de que le nombren director de la dirección de directivos adjuntos al CEO de la multinacional X. Si esa motivación le ayuda a seguir creciendo y a ejercer su labor con la misma o más profesionalidad que siglas inglesas haya en su tarjeta de visita, fenomenal.

Hace muchos años, cerca de 35, cuando tuve mi primer trabajo, aparentemente serio (20 añitos…) en mi tarjeta aparecía: “Ejecutivo de Cuentas”, era una agencia de publicidad. Hice una entrevista para vender y resultó que me convertí en eso, ni más ni menos que en un ejecutivo de cuentas. Pasado un tiempo mi jefe, me dijo que ese título vendía más que si ponía sólo Comercial de Cuentas o simplemente comercial, y que ayudaba a que te respetaran los clientes por tener un rango superior.

Pasaron los años, y en otros trabajos, el título que aparecía en la tarjeta, nada más entrar a trabajar y sin la más mínima experiencia en ese sector, era Director Comercial o Gerente de Cuentas. ¿La razón? La misma, motivar al cliente a adquirir algo que podía o no necesitar, pero crear una predisposición a mantener una reunión de presentación dado que no iba el novatillo, iba un tal gerente o director de cuentas.

La cosa, a la vista está, ha ido creciendo hasta resultar que la persona encargada de la limpieza es la ingeniera de electrodomésticos, el portero, el director de accesos y ascensores, y al final nadie sabe si habla con quien quiere hablar o se dirige a la persona adecuada porque todos somos jefes y no hay nadie por debajo de nosotros.

Realmente, ¿a quién engañamos con esta titulitis? Todos lo hacemos, todos somos directores, ¿seguimos creyendo nuestro propio engaño? ¿Somos los únicos que lo hacemos y el resto no lo saben? ¿Motivamos a nuestros empleados con estas cosas?

La motivación es una rama fundamental en el desarrollo del perfil profesional, nos empuja o nos frena, nos ayuda a definir el porqué de seguir madrugando y pasando media vida en una oficina, pero esa motivación no se debe basar sólo en una línea de nuestra tarjeta o un subtítulo en una red social. No nos engañemos, pueden decir que somos el Sha de Persia para que alguien quiera reunirse con nosotros, pero es probable que el de enfrente sea el Rey de Kapurtala y sus credenciales tengan la misma historia que las nuestras, con lo que ¿por qué no somos lo que somos sin tanta parafernalia?

Si necesitamos motivación, la tendremos que buscar dentro de nosotros, cada uno tiene sus motivos, y esos motivos son los que de verdad van a hacer que sigamos adelante subiendo en nuestro escenario profesional.

Que una línea en mi LinkedIn ponga que soy el dueño del mundo, no me convierte en ello y sobre todo nunca a va a ser mi motivación porque tanto quien dio la idea, como nosotros mismos, sabemos lo que hay, y lo que hay es motivación y predisposición a realizar la tarea encomendada de la mejor manera posible, para aportar lo mejor tanto al equipo como a nosotros mismos, independientemente del engaño con el que quieran vestir el puesto de trabajo. Porque lamentablemente, queridos directores generales, CEOs y demás familia, esa motivación, esa predisposición, no vienen escritas en una tarjeta ni en un perfil de red social ni en ningún lado, eso lo llevamos por dentro, y si queremos lo sacamos fuera porque tenemos ganas, porque estamos motivados. Si a alguien le ayuda ser un director tan falso como su director interlocutor, adelante, pero ambos sabréis siempre que os estáis engañando.

No debemos avergonzarnos de  haber sido vendedores, ni comerciales, ni chico de los recados, no nos engañemos, y a día de hoy no debemos avergonzarnos de lo que sea que seamos ahora, porque es lo que somos, trabajamos, estamos motivados para ello y queremos avanzar un pasito cada día, si llegamos a ser CEO (de los de verdad) bien, si nos quedamos en asesores de director también y si no llegamos a tanto pero hemos hecho todo lo posible debemos estar satisfechos, y sabremos que la línea que pone debajo de nuestro nombre en tarjetas y redes, es lo que somos, porque nos lo hemos ganado, no porque tal empresa decida hacerme pasar por eso.

Quizá no sea el mejor director, el mejor CEO, el mejor técnico, el mejor consultor, el mejor asesor, el mejor orador… pero intento serlo, lo sepan los demás o no, y no me cabe en la tarjeta de visita eso de “intentando mejorar para llegar a ser la mejor versión de mi yo”, que al fin y al cabo es lo que otorga maestría.

Ni el libro cerrado da sabiduría, ni el título por sí sólo otorga maestría
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