¿Estás ahí? El vértigo de la transformación

Compartía con nosotros un directivo, días atrás, su preocupación, no se atrevía a llamarla ansiedad, por no estar seguro de lo que hacía su equipo. Nos decía que al inicio de cada jornada contactaba con ellos para comprobar que estaban ya en marcha y les pedía que le fueran informando con frecuencia de sus avances y dificultades.

  • Si no sé de ellos, ¿cómo voy a estar tranquilo?
  • Ponía encima de la mesa algo que no es nuevo, pero que hoy, con la transformación digital que se ha ido imponiendo en el mundo empresarial y con el acelerador que ha supuesto la presencia del COVID, se ha convertido en un duro caballo de batalla para muchos y en una clara fuente de conflictos y dificultades.
    “El ser humano es sociable por naturaleza.
    El ser humano profesional es interactivo por necesidad.”

    Es cierto, se trata en buena parte de una transformación, no de un cambio, de aquello a lo que comúnmente llamamos ya `transformación digital´. Cambio supone una modificación concreta del escenario, transformación es una modificación sustancial, el escenario de partida y el escenario final no se parecen.

     

    Pero hay algo que subyace a todo esto. Es la necesidad de saber que estás ahí, que haces lo que debes hacer, que lo que haces lo haces bien, que si necesitas algo lo dices, que compartes información, que tomas las decisiones oportunas, que no abusas de la comunicación, que tu compromiso sigue vivo, que apareces cuando debes aparecer, que vas a ser proactivo cuando sea preciso, que dispongo del conocimiento necesario para decidir y actuar de forma adecuada…

    “Se transforman los procesos, los canales, la inmediatez, pero no las dianas..”

    Las dianas siguen siendo las mismas de siempre. Probablemente con diferente nivel de importancia, pero las mismas. Las preguntas que necesitamos responder como profesionales, tengamos la responsabilidad que sea, con mayor intensidad cuanto mayor sea ésta, siguen estando ahí, siguen vigentes, quizá con diferente nivel de prioridad, de urgencia, pero son esas.
    Esto no ha cambiado.

    Basta con hacer un recorrido guiado por la cadena de contribución que nos aporta la caja negra como referencia. Una secuencia de hitos que se interrelacionan unos con otros y que nos explican el porqué de lo que sucede y se provoca.

    ¿Cuál es la contribución que debemos alcanzar? ¿Son adecuados los kpi que utilizamos? ¿En qué plazos? ¿Con qué tipo de retorno sobre objetivos? ¿Qué debemos aportar a la cadena de sinergia de la organización? ¿Lo estamos consiguiendo? ¿Cuáles son indicadores de riesgo y cuáles de oportunidad? ¿Qué tendencia estamos provocando?

    ¿Qué áreas de responsabilidad debemos movilizar? ¿Cómo se distribuyen estas responsabilidades entre nosotros? ¿Qué dependencias se producen entre unas y otras? ¿Con qué finalidad y prioridad? ¿Existen gaps entre lo previsto y lo real? ¿Qué alertas de oportunidad y riesgo están surgiendo o pueden surgir?

    ¿Qué nos puede indicar nuestro nivel de rendimiento? ¿Qué procesos hay que seguir? ¿Qué conocimiento precisamos para optimizar nuestra actuación? ¿Lo estamos consiguiendo? ¿Qué factores están actuando como barreras o como oportunidades? ¿Compartimos?

    ¿Qué situaciones son clave en nuestro día a día? ¿Qué debemos tener en cuenta para resolverlas con eficacia? ¿Estamos orientando nuestras interacciones con estrategias y técnicas válidas? ¿Qué conocimiento somos capaces de obtener de nuestra experiencia? ¿Compartimos?

    ¿Cuáles son los medios que necesitamos para actuar? ¿De qué disponemos actualmente? ¿Son suficientes? ¿En qué afecta la posible carestía de medios? ¿Aprovechamos adecuadamente lo que tenemos? ¿Compartimos best practices? ¿Cómo conseguimos mayor rendimiento y contribución de los medios disponibles?

    ¿Actuamos con un criterio coherente con la estrategia y cultura de la empresa? ¿Somos capaces de interpretar la realidad actual con rigor? ¿Somos conscientes de la importancia de nuestra actuación? ¿De la del equipo? ¿Asumimos nuestro papel? ¿Disponemos de los conocimientos y habilidades necesarias?

    Las dianas permanecen, pero se transforman los procesos, los canales, la inmediatez.

    La transformación digital es consecuencia de múltiples factores que se relacionan con la tecnología, los drivers de competitividad y diferenciación, la evolución de las claves reputacionales, la capacidad de respuesta, la necesidad de inmediatez en la toma de decisiones, la presencia creciente de escenarios VUCA (Volatility, Uncertainty, Complexity y Ambiguity), la ruptura de barreras geográficas y temporales, la evolución de productos y servicios, la complejidad de la globalización, las regulaciones y normativas…
    Un nuevo escenario, muy diferente al tradicional, que requiere de nuevas formas de respuesta aunque las preguntas permanezcan.

    Todo ello exige que seamos capaces de tomar decisiones ágiles, rápidas, inmediatas, certeras, condicionadas por el conocimiento cercano y fiable de lo que ocurre, flexibles, colaborativas, convirtiendo la tecnología en vehículo indispensable y diferenciador.

    Por ello, nuestro directivo estaba preocupado, con signos de ansiedad.

    Sus dianas no habían cambiado, lo que se había transformado era el escenario. Él sentía inseguridad, un `vuca´ personal, por no tener experiencia suficiente, por no haber podido prever la inmediatez de la transformación y por no contar con referencias que pudieran guiarle en esta exigencia de distintas formas de hacer y de actuar. Y sin embargo, buena parte de todo ello estaba escrito, he incluso compartido por muchos medios. De hecho, el Marco Europeo sobre competencias digitales, DigComp, alertaba sobre la necesidad de afrontar los retos exigidos por la evolución tecnológica y relacionados con:

    • La búsqueda de información
    • Los procesos y canales de comunicación
    • Los procesos colaborativos
    • La estrategia de creación y divulgación de contenidos
    • Las claves, recomendaciones y normativas de seguridad
    • Los procesos de solución de problemas y toma de decisiones

    No sólo el Marco Europeo, sino también las apuestas organizativas por desarrollar las conocidas como 8 competencias de talento digital:

     
    • Conocimiento digital
    • Gestión de la información
    • La comunicación digital
    • El trabajo en red
    • El aprendizaje continuo
    • La visión estratégica
    • El liderazgo en red
    • La orientación a cliente

    Cuando preguntamos si tenía conocimiento de todo esto, respondió: 
    “Algo he oído, pero he tenido otras prioridades”.

    Está claro que lo que antes no supimos ver como prioridad, hoy ha podido convertirse en un grave problema más que en una gran oportunidad.

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