Satisfacción

“El que está satisfecho con su parte, es rico” Lao Tsé

Ya llevo unos años en esto que llaman trabajar y cada año, un año más viejo. No por ello un año más incapaz, ni un año menos hábil, ni nada parecido. Ni siquiera con el paso de los años he notado (a grandes rasgos) estar cansado de lo que hago o aburrido. A pesar de lo monótono del trabajo en algunas ocasiones, gracias a Dios no muy frecuentes.

Es cierto que a medida que pasan los años, he tenido que actualizarme (quién no) y con ello he añadido un nuevo punto de experiencia, una nueva ilusión a cada mañana. Tener que poner en marcha cosas que no hacía, que no conocía, aprender y poner en práctica.

Todos esos cambios han hecho que todos los días tengan una nueva meta, y esa sensación ha conseguido que empiece cada día con nueva ilusión, con ganas de dominar ese nuevo “que” que me ha ido surgiendo a lo largo de la vida laboral.

Y son esos “qués” los que me han mantenido vivo, despierto, con ganas, los que me han enseñado a adaptarme a los siguientes “qués” que cada cierto tiempo se me han presentado y he tenido que agarrar antes de que se pasaran, por aquello de “Donde no hay estación, no para el tren”. Creo que en más de 30 años currando, me he apuntado a subirme a todos, o la grandísima mayoría de trenes que han pasado por mi lado, acabando en algunas ocasiones en un descarrile fantástico con pérdida de relaciones cercanas en, de nuevo gracias a Dios, los menos de los casos.

Puede ser que, en alguno, desde el primer momento, el destino era descarrilar. Pero cuando se huye es cuando más riesgo tenemos de tropezar y, siendo sinceros, es preferible arriesgar siempre para ganar que no quedarse mirando por miedo a perder. Al menos el punto de partida empieza en positivo.

No todo ha ido bien, incluso podría decir que además no he tenido mucha suerte, pero siempre he intentado estar ahí donde creí que debía estar, incluso cuando hay quien me ha dicho que ya no confiaba en el éxito de alguno de los proyectos. Sin duda es un porrazo en la nariz, pero hay que seguir, porque quien la sigue la consigue, y nada tiene buen fin si no se inicia con, al menos, la creencia de su buen final.

Lo que he intentado lo he intentado con ilusión, con ganas, con confianza, a veces excesiva y no muy bien fundamentada, pero siempre mirando de frente y tirando del carro. Y no me he hecho millonario, pero, gracias a los baches, he podido disfrutar de mucho tiempo con mis hijas, de paseos con el perro…y sobre todo de mucho tiempo para pensar.

Y siempre llego a la misma conclusión, lo que he hecho, mal o bien, lo he hecho creyendo en lo que hacía. En el mismo momento en el que he dejado de creer, he dejado de hacer. Por eso, sé con rotunda seguridad, que se puede saber quién trabaja en algo que le gusta y quien no. Quien espera sólo el día de paga y quien disfruta y vive su trabajo como algo sensacional y satisfactorio.

Y nada más. Espero que siempre estéis en el equipo de los “disfrutones” y seáis capaces de distinguir a los “tristes”, y si no es así, se trata sólo de dar un paso hacia delante y elegir. Si estás en el equipo equivocado, date tiempo para salir, pero busca la salida, nadie te va a ayudar con eso.

Hablan de la satisfacción de un trabajo bien hecho, pero además si está bien disfrutado es algo de otro mundo, parecido a jugar al póker y ganar como decía Eugenio. No nos quedemos con aplicar conocimientos, démosle un toque especial a todo eso que hacemos.

Que lo disfrutéis.

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