Las sorpresas y los escudos 1ª parte
¿Y cuando las cosas no salen tal y como las hemos previsto? Porque las cosas pasan, y sabemos que no siempre pasan como nos gustaría que pasaran.
Para eso tenemos un cajón invisible lleno de escudos, no son de esos de piel de foca, madera y pinchos, aunque muchas veces nos gustaría que fueran así, son menos llamativos, son los que aparecen cuando algo se tuerce, un proyecto se cae, una sorpresa impide llegar a éxito como estaba previsto… entonces es cuando suena ese «ding» y aparece nuestro salvador, o lo que pretendemos que nos salve.
Pero, ¿Qué es un escudo?
Un escudo es una protección, es el parachoques que nos protege de algo que puede hacernos mal, o que no nos hace bien. Algo que se usa para no sentirnos mal, una excusa muchas veces. A quién no le suena:
- Realmente me daba lo mismo.
- Estaba amañado desde un principio.
- Tampoco era para tanto
- No era el momento adecuado
Lo podríamos llamar versiones amables de la realidad. Y nos gustan, nos hacen sentir mejor.
¿Por qué los usamos?
Ésta es fácil: porque la alternativa es peor, la realidad sin amabilidades extra es más dolorosa y nos obliga a aceptar situaciones, conclusiones, hechos… que nos causan molestia:
- Nos hemos equivocado
- No sabemos lo suficiente
- No somos tan buenos como creíamos
- O lo que es peor, debemos cambiar.
Por esto se usan los escudos, para defendernos, porque seguro que no pretendemos engañarnos ¿verdad?
Entonces surgen las dudas, ¿Qué escudo usamos de entre los que tenemos a mano?
Ese cajón mágico tiene muchos recursos, pero la elección no la hacemos con los ojos cerrados, cada uno tiene su propia historia, si nos hemos llevado muchos «palos» usaremos un escudo gordo, si la importancia de lo que está en juego es grande usaremos uno elegante, si lo debemos usar en público será diferente del que usemos en una reunión pequeña, y sobre todo depende del resto del equipo, del humor, del día, de la racha que nos indicarán si debemos sacar la artillería completa armadura incluida o podemos ir con unas bermudas y unas chanclas.
No es fácil elegir el escudo y tampoco hacer uso de él. No todos son válidos incluso los hay de un sólo uso.
Dependerá siempre de nosotros, de tener un buen equipo, de saber cuál es el camino más acertado para llegar a meta.
Conviene saber usarlos, y como decía un jefe que tuve hace muchos años, no mentir de más, que, a veces, la memoria falla.
