¿Es aplicable a tu puesto de trabajo?

Una pregunta que, con frecuencia, está huérfana de criterio. Una realidad que hace que un buen número de inversiones en procesos de formación y desarrollo pasen de ser una intención de inversión a una realidad de coste.

Si eres formador o responsable de la gestión de acciones de formación y desarrollo en tu empresa, reconocerás en el título de este artículo, uno de los ítems que se incluyen en los variados formatos que se utilizan para evaluar programas de entrenamiento.

Es una pregunta lógica, todos queremos que los contenidos formativos generen consecuencias y para ello, es necesario garantizar su aplicabilidad al puesto; pero es una pregunta, con frecuencia, mal gestionada.

Existen contenidos de alta aplicabilidad que obtienen evaluaciones bajas y, al contrario, contenidos de baja aplicabilidad que son valorados con puntuaciones altas.

¿Por qué ocurre esto?

Analicemos primero, qué es la aplicabilidad de un contenido. Está claro que se trata de la viabilidad de incorporarlo en la actividad diaria exigida por el puesto, pero con un matiz importante y dos consideraciones añadidas.

El matiz consiste en que el proceso en el que deberá incorporarse a la actividad del puesto, debe estar contemplada e integrada en la finalidad de la acción formativa.

Y esto nos lleva a desdoblar esta finalidad de aplicabilidad, en  un trinomio compuesto por:

  • Intencionalidad de aplicación por parte del profesional
  • Viabilidad de incorporación en la actividad del puesto
  • Coherencia con la finalidad del programa formativo.

La primera consideración tiene que ver con el ámbito en el que se aplica el contenido. Habitualmente, se piensa que lo aplicable es lo que se utiliza en cuanto a comportamientos observables que el profesional pone en juego en las situaciones que maneja a diario. Es cierto, pero no sólo es eso. Los contenidos pueden servir para:

  • Reflexionar sobre eficiencia y eficacia profesional
  • Preparar nuestra actuación ante una situación concreta
  • Optimizar nuestra intervención en ella
  • Ajustar y dar coherencia a la valoración de lo que hemos hecho

Es decir, aplicar no sólo es mejorar el “hacer” en eficiencia y/o eficacia, sino también ajustar y mejorar el “pensar” en cuanto a la reflexión que hacemos sobre nosotros, nuestro equipo, el antes-durante-después de las situaciones que manejamos, etc. (Hacer+Pensar)

La segunda consideración hace referencia al tiempo de aplicación y a la evolución de su incorporación real en nuestra actividad diaria. Hay contenidos de alta aplicación que requieren tiempo para ser integrados en nuestra forma de actuar y no por ello dejan de ser aplicables, al contrario, lo son desde el primer instante en que los estamos poniendo en juego. Por ello, es importante tener en cuenta el momento de aplicación y el tiempo necesario para su integración en nuestro puesto. (Inicio + Tiempo de Integración)

Podría añadir más factores relacionados, pero creo que con estos, tenemos un buen punto de partida:

APLICABILIDAD = (Intencionalidad + Viabilidad + Finalidad) * (Hacer + Pensar) * (Inicio + Tiempo de Integración)

No pretendo crear una fórmula matemática, sino aprovechar este tipo de formato para representar los factores que he citado. En la expresión he subrayado cuatro de los factores. Son los que, según mi experiencia en estos temas, suelen tenerse en cuenta en los programas formativos. Son factores ciertos, reales, relacionados íntimamente con el concepto que estoy tratando aquí, pero no son los únicos y, por lo tanto, se están dejando de lado otros factores importantes.

¿Quiénes tenemos responsabilidad ante esto?

Los que decidimos, diseñamos, ajustamos, preparamos, impartimos, controlamos, tutelamos y validamos los programas formativos. Seamos responsables del área de RRHH o de otras áreas con atribución de responsabilidad en materia de formación y desarrollo, o seamos proveedores externos que hayamos sido contratados para colaborar en alguna o algunas de estas responsabilidades.

Si un formador no tiene claros los factores que condicionan aplicabilidad, no preparará la impartición para crear consecuencias profesionales de valor, no responsabilizará al grupo, reaccionará mal ante una evaluación baja y ayudará a convertir una intención de inversión en una realidad de coste

¿Es aplicable a tu puesto de trabajo?
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