Amistades y tejas, ¿las mejores las más viejas?

No suelo poner en duda los refranes con los que habitualmente titulo mis artículos, de hecho es la primera vez.

A veces nos toca elegir entre diferentes opciones. Ninguna suele ser fácil, nos quedamos con la opción menos complicada, pero ninguna elección es sencilla, sólo las hay menos difíciles, pero sin llegar a ser un regalo.

Muchas veces he discutido, no me gusta la palabreja y en este caso menos, porque no son discusiones sino simples intercambios de opinión, sobre temas que no son de una categoría significativamente interesante, que son los más habituales, pero en algunas ocasiones surge el Tema (con mayúscula) que, por una razón u otra, alguna de las partes le concede más valor que la otra y suele hacernos sentir pequeñitos al considerar despreciado nuestro interés.

Yo, como todo el mundo, tengo mis manías y mis manías vienen acompañadas e incluso justificadas por mi opinión. Soy de los que consideran que todas las opiniones tienen cabida en una discusión o intercambio de ideas siempre que no sean ofensivas, causen daño o se salten determinadas normas éticas que yo, puede que por educación o por lo que sea, deseo mantener.

Una de esas discusiones que siempre me “ayuda” a chocar con otros es si en el trabajo se hacen amigos o sólo compañeros. Es un tema que quizá por mi recorrido profesional, tengo muy claro y no voy a entrar en este artículo a valorar (al menos a fondo), pero entiendo todos y cada uno de los puntos de vista que me han planteado para hacerme cambiar de opinión, y aunque no me niegue a estudiarlo, no consiguen, como se dice en la calle, que me baje de la burra.

Ya sé que no he dado mi opinión sobre el tema, pero quien tenga la habilidad de saber leer con atención, lo tendrá claro al final del artículo (no vayáis a la última línea, es mucho más que eso, o eso espero, aún voy por esta línea al escribir)

Soy de esas personas a las que le gusta cuidar de sus amigos. Me muero por pasar un rato con ellos, por verlos disfrutar, por sentir que están bien, que todo marcha correctamente, confirmar que están para lo que necesite y de la misma manera estar a su completa disposición si les hago falta, me lo digan o no.

Me gusta incluso más dar que recibir en ese círculo, que nadie se sienta sólo, aburrido, preocupado, estar para servirles de apoyo, reír y llorar, lo que haga falta.

Ya son muchos años en esta aventura de estar vivo y esos años te enseñan muchas cosas. Algunas muy duras, espero haber vivido todas las de este tipo, aunque dudo que así sea, otras divertidas, tristes, alegres…y cada situación me ha dejado pistas para saber quién es quién, con quién se puede contar y a quién se puede y en algunos casos se debe evitar.

Para mí, la amistad es mucho más que dos cervezas, unas risas, un abrazo, sinceridad, emoción, cariño, respeto…es algo que trasciende a casi todas las relaciones personales convirtiéndose en lo máximo. (No hablo de relaciones familiares, que, con excepción de los cuñados, suelen tener un valor enorme. Es broma lo de los cuñados…o no)

Y sí, me cuesta pensar que, en el ámbito laboral, donde la gente va y viene según intereses personales que no van más allá de una nómina o un puesto, un ascenso o un destino, se pueda crear una relación de amistad de verdad. Sí creo en trabajar con amigos, pero empezando por serlo de verdad para pasar a entenderse en el ámbito laboral, no al contrario. Quizá mi experiencia, en la que los primeros años tuve muchos cambios de centros de trabajo me lleve a esa conclusión, y es muy posible que esté equivocado, pero es lo que a mi me ha enseñado mi caminar, y por eso, insisto, me cuesta tanto bajarme de la burra.

En cualquier caso, cada uno opina según su recorrido y según su aprendizaje, lo mismo no he tenido suerte, pero a día de hoy, no cambiaría a mis amigos por todo el oro del mundo, ni por un puestazo, ni un destino fuera de serie. Son mis amigos y mi trabajo no tiene la más mínima posibilidad hacer que eso cambie y no hace falta que sean tan viejos como las tejas,  a veces te encuentras auténticos tesoros cuando menos te lo esperas.

Amistades y tejas, ¿las mejores las más viejas?
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