Las sorpresas y los escudos 2ª parte
Los escudos a veces nos sacan de un hoyo en el que si nos hundimos podríamos tener problemas para volver a salir, pero como cualquier herramienta hay que saber utilizarla.
Debemos tener en cuenta si realmente son útiles para lo que pretendemos conseguir, porque a corto plazo casi todos cumplen su misión, nos permiten seguir en la línea en la que nos encontrábamos y no quedarnos con medio cuerpo enterrado sin saber cómo reaccionar, pero hay que saber y conocer las consecuencias a las que nos tendremos que enfrentar a medio o largo plazo.
¿Cuándo debemos estar atentos, o más atentos?
Los problemas se vuelven mucho mayores si nos instalamos a vivir en uno de esos escudos que tan buen resultado nos han dado en muchas ocasiones, cuando el escudo de turno lo usamos para defendernos de muchas cosas, cuando por la afición a abrir el cajón mágico, acabamos confundiendo la realidad con la excusa.
Si hacemos un uso inadecuado, el escudo deja de protegernos y empieza a quedar limitado, limitando nuestra capacidad de movimiento, convirtiéndose en una cadena que acaba haciéndonos su prisionero
Entonces, ¿No se pueden usar muchas veces?
Sí, por supuesto, de hecho es algo que hacemos de forma habitual.
El problema reside, no tanto en repetir escudo, sino en no darle un pulido una vez terminada la batalla. No debe quedar desfasado por el exceso de uso, porque nos llevaría a dejar ver que siempre la culpa es de otro, o del contexto, o del equipo, o de la falta de formación, o del que ajusta el rumbo de la nave.
Y como la gente con la que pasamos el día, con los que estamos codo con codo buscando metas comunes, no tienen paciencia infinita, podrían darse cuenta de que le has robado el escudo o que has usado el mismo en muchas ocasiones y, sorprendentemente, es muy parecido a uno que usan ellos a veces.
Esto me recuerda a un amigo que faltó a clase más de ocho veces porque se morían sus abuelos. Al final alguien, probablemente al que más le importaba cómo se sentía, se dio cuenta de que eran demasiados abuelos y le rompió el escudo.
¿Un escudo supone autoengañarse?
Su uso se basa realmente en no fijarse demasiado, en mirar de lejos, en no usar una mentira descarada, es leer en diagonal el contrato.
Es más fácil mirar sin leer, porque leer y mirar bien conlleva eso de ser (no parecer) responsables, y eso implica algo que, aunque nos evitaría usar escudos muchas veces, exige esfuerzo, y muchas veces recibir un bofetón de realidad que es justo lo que pretendíamos evitar con nuestra treta.
El hecho de no interpretar el escenario de una forma adecuada es la causa más habitual de uso del cajón mágico. Muchas veces nos encontramos que la película se ha ido filmando sin atender la realidad, a nuestra realidad, a la que esperábamos, y no hay aplausos, la prisa impide los agradecimientos, el caos se traga las reglas y cuando esto pasa, sacamos el escudo «este equipo no sabe valorar lo que tiene», «el mercado está fatal», «yo paso de estos líos».
No se trata de usarlos todos los días, pero tampoco de olvidarlos. Sería como ir desnudo (emocionalmente) por la vida, y ese plan no vale, al menos a mí no me vale.
Usémoslos, pero para luego bajarlos, para parar y poder pensar ¿esto era mi responsabilidad?
Debemos aprender a diferenciar entre protegernos y escondernos. Que no nos impida avanzar, que sólo nos salve del ataque.
La gracia está en saber cuándo es cada cuándo que pasa.
Y como casi todo lo que puede ser fundamental, viene sin manual de instrucciones. Hay que aprenderlo, como muchas cosas importantes…a golpes.
