De ilusión también se vive

Ilusionarse…¿Deporte de riesgo?

Si lo piensas, hay pocas cosas tan potentes como la ilusión por un proyecto nuevo. Lo mismo da si es montar un restaurante, escribir un libro, un cambio de trabajo, reformas en casa, decidir aprender un idioma…todas esas cosas te hacen creer que todo es posible, que todo es emocionante, que la rutina se rompe y aparecen miles de nuevos caminos dispuestos a emocionarte.

Y como casi todo, la ilusión con el tiempo puede convertirse en una estafadora, en algo que hay que saber gestionar para evitar esos curiosos sopapos que, como el tonto del pueblo, la vida te da cuando mejor lo estás pasando.

Y en esto, como en gustos y colores, hay de todo, bueno y malo, positivo y negativo.

¿Lo bueno? Muchas veces es lo más obvio, desde primera hora de la mañana te encuentras repleto de ganas, hay un proyecto que te ilusiona, hasta el programa de radio que suena en el despertador es mejor que el mismo programa hace una semana, ni dudas en saltar de la cama, la sola idea de tener que seguir pensando y diseñando ese proyecto te empuja hacia delante. Esa ilusión es tu motor, no suena mucho, pero le sobran caballos.

Y esos caballos sacan una versión mejorada de ti mismo, cosas que no sabías que podrías hacer salen solas, creatividad, valentía, paciencia… hasta te sorprendes buscando soluciones que nunca habrías imaginado, aprendes, aplicas novedades…no hay pereza y menos aún miedo.

Imagen de WOKANDAPIX en Pixabay

Esto no es convertirse en alguien nuevo, sigues siendo tú, una versión mejorada, un poco más tú. Y ese proyecto te dará, en el peor de los casos, conocimiento, aprendizaje y resultados si todo va bien. Siempre aprenderás otras formas de organizar, plazos, errores…límites. Pero todo ello te dejará más sabio, aprenderás lecciones que no habrías conocido nunca.

Y te darás cuenta de que cuando crees en un proyecto eres capaz de contagiar ilusión, no necesitas convencer a nadie, se ve que esa ilusión hace ese trabajo por ti, conectas con la gente de alrededor e incluso puede surgir alguna alianza interesante.

Por supuesto que existe el «lado oscuro». Corres el riesgo de montarte una película de ciencia ficción, vender la piel del oso antes de cazarlo no suele ser un buen planteamiento. El problema surge cuando no entiendes que lo de soñar en muy bonito, pero entre el principio y el final, hay baches, y pueden obligarnos a tomar desvíos que nos apartan del camino inicial.

Hay que armarse de paciencia, no subestimar el cansancio y no pensar que puedes pasar de largo. Ilusionarse es exponerse a un riesgo, no existe una garantía de éxito, hay plazos, expectativas, tiempo…y no se debe confundir abandono con fracaso, a veces saber parar es la decisión más inteligente a pesar de lo que pueda parecer mirada desde fuera.

Pero, entonces, ¿Merece la pena ilusionarse?

Rotundamente , aunque creo que cada cual debería colocar sus matices ante la pregunta. 

La ilusión es motor, necesaria para avanzar, probar, crear…para no continuar siempre con el piloto automático encendido sin tomar ninguna desviación arriesgada.

Acepta que habrá buenos y malos días, pero todo está en tu mano y que a la meta se puede llegar tomando rumbos diferentes.

La ilusión es una pequeña chispa que puede encender una enorme llama, depende de cómo la manejes.

De ilusión también se vive
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