Lo que el médico yerra, lo tapa la tierra

Lamentablemente llevo una racha curiosa de visitas a médicos desde finales del año pasado.

Nada importante, empezó siendo algo supuestamente llevadero, pasó a posiblemente grave y acabó en un no es nada. Por el camino me quedé con una reacción alérgica rara, pero seguimos investigando, ya no es un tema que, al parecer, deba preocuparme demasiado, o así lo he entendido cuando me lo han explicado: Se pasará sólo, no pasa nada.

La cosa es que cuando visitas tantos médicos, supongo que alguien visitará muchos más que yo y en condiciones mucho peores que las mías, va viendo cosas que llaman la atención.

Gracias a Dios, no soy habitual visitante de las consultas médicas, salvo esta última racha, y nunca me había llamado la atención nada especial, excepto de niño, cuando Josechu nos auscultaba con un pitillo en la boca y con el cenicero a reventar de colillas y ceniza, «niño, fumar es malo» pero es lo que hay.

Quizá sea por mi falta de uso de este servicio tan necesario, pero muchas veces lo veo como si se tratara de un trabajo en el que ninguna de las dos partes puede prescindir de la otra. El médico no tiene razón de ser si no existiéramos los enfermos, y a su vez, los enfermos no lo tendrían muy bien si los médicos no estuvieran ahí para curarnos.

Es decir, además del resto de sanitarios que están al pie del cañón cada día, el equipo (tándem) médico-paciente es algo real.

Entonces, si eso es así (que podría no serlo) y basándome en estas últimas experiencias que me ha tocado y me sigue tocando vivir, ¿Por qué en un porcentaje altísimo, para verle la cara al médico que me atiende debo esquivar un monitor?

¿Por qué debo dejar de contarle lo que me pasa porque tengo la sensación de que no teclea suficientemente rápido y parece que se pierde haciéndome repetir cada palabra?

Tengo muchos amigos médicos y a estas alturas del artículo, sé que se están empezando a mosquear conmigo, pero son mis amigos y son mi gente, sabrán entenderme.

En mi caso, se que no debo generalizar, cuando voy a un médico es para que me cure, o trate de hacerlo, pero necesito, sobre todo y ante todo, que me escuche, no que se dedique a transcribir todo lo que le cuento en el momento, necesito que sea capaz de mirarme a los ojos, entenderme, empatizar…no sé, quizá pida mucho, pero es que no entiendo un equipo cuando la mitad de sus miembros interrumpen a otros  miembros mientras recitan bajito las últimas palabras de la otra mitad para no olvidarse de incluirlas en el dossier y puedan tener unas estadísticas claritas y concisas.

Un equipo funciona cuando todos y cada uno de sus miembros es capaz de entender, hacer, apoyar…a todos los demás y además hacer un buen trabajo, pero es además, no es exclusivamente.

Y en estos casos, la relación médico-paciente debe estar por encima de fichas. Si atiendes a tu paciente como debes, sabrás transcribirlo todo una vez se levante y se vaya de tu consulta. Si lo haces como lo haces es porque es un número entre otros tantos que pasan por esa silla y no eres capaz de recordar nada. En resumen, no sabes hacer tu trabajo. Al menos no sabes hacer bien todo tu trabajo.

Tengo un grandísimo amigo, uno de los de verdad, que curiosamente es médico (no ejerce). No son pocas las veces que le he oído decir «la operación fue un éxito, pero el paciente falleció». ¿Podríamos no tener los mismos intereses dependiendo del lado que estés en esa consulta? Seguro que no. Pero también seguro que la forma de valorar cada visita es diferente dependiendo del lado en el que estés del monitor.

Puede que sea porque cuando te metes a visitar consultas buscando ayuda, no sólo vas buscando esa ayuda, quieres que, al menos, no te pongan un monitor como si fuera un muro contra el que darte cabezazos.

No he hablado de profesionalidad, seguro que son todos (o casi) muy buenos en lo suyo, pero hay una parte que falta, hay algo que falla, hay formas que no deberían ser admitidas. Las serie del Doctor House es ficción, que nadie se crea que eso debe ser aplicado en consulta, porque se equivoca, no sólo hay que ser buen profesional por saber llegar a ciertos resultados, hay que serlo por todo lo demás que envuelve tu trabajo, y éste no existiría sin los que tenemos delante, tanto médicos como cualquier otro profesional que trate con gente: estemos atentos. Cuidémosles.

Lo que el médico yerra, lo tapa la tierra
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